Desde la ADF nos acercamos al Director de Fotografía Emiliano Charna  para que nos cuente sobre su trabajo en el largometraje documental Oda Amarilla (2024), dirigido por Lucila Paz, película que fue parte de los Premios ADF 2024 y está actualmente disponible en Cine.ar.

Por Emiliano Charna:
Nos conocimos con la directora Lucía Paz en la ENERC. Llevábamos algunos años juntos cuando ella trabajaba su ópera prima y su mamá transitaba un incipiente Alzheimer. Atravesada por esa realidad, vuelca su trabajo y lo canaliza en el desarrollo de, en ese entonces, un documental ficcionado que buscaba recrear recuerdos de su madre, Analía Amarilla.  
Comenzamos pensando cómo podían verse esos recuerdos, mezclados con charlas de madre e hija. El punto de partida para la búsqueda de la imagen fue hacer el ejercicio de analizar e interpretar la forma en que recordamos dentro de la mente, atravesados por la emoción, y cómo eso nos devuelve imágenes fragmentadas, pero condensadas y desbordadas de significado. 

Oda amarilla (2024)

El otro pilar fue la fotografía fotoquímica, en tanto método externo que auxilia nuestra memoria. 
Durante el primer tiempo antes de rodar, hicimos pruebas con algunos lentes y rollos fotográficos, que aunque sabíamos que nuestro registro sería digital, nos servirían de inspiración para la búsqueda de la paleta y la textura. Por largos meses seguimos buscando el rumbo del proyecto hasta que en un taller de desarrollo que estaba haciendo Lucía, una productora se interesó en apoyar el inicio de rodaje. Aprovechamos el empuje, y a pesar de no tener muchos recursos, salimos al ruedo, soltando la idea de las ficcionalizaciones.

Oda amarilla (2024)

Grabamos casi todo con Panasonic Lumix GH5, una cámara muy compacta, de gran imagen y algunas características que me facilitaron el trabajo, como su monitoreo de forma de onda incorporado, su estabilización de sensor, y su grabación interna en 4K intra 10bit 4:2:2 sin cortes.
La lente que más utilicé fue un Pentax Súper Takumar 50mm f/1.4, que en su diseño utiliza torio como aditivo, un metal radiactivo que aumenta la refracción de la lente, resultando en un vidrio con tono cálido que encajó perfecto con nuestra intención estética de matices dorados. Además, esa óptica adaptada al sensor micro cuatro tercios de la GH5 resultaba en un ligero teleobjetivo que me permitía tomar distancia y que Analía y Lucía no sientan la cámara encima, colaborando con la intimidad de cada encuentro.

Oda amarilla (2024)

Los rodajes se sucedieron a lo largo de 1 año y medio, estructurados principalmente en 3 etapas de 1 semana cada una.
La primera semana fue en Julio del 2021, donde planificamos 5 encuentros entre Lucía y Analía. Solíamos tener alguna temática disparadora y alguna actividad para desestructurar y propiciar un ambiente ameno que disimulen la presencia de la cámara y el boom. Cada encuentro era un desafío. Recuerdo que en las primeras jornadas me costaba encontrar y sostener un plano contínuo. Eran sesiones de alrededor de 2 horas prácticamente sin cortes, donde inicialmente buscaba siempre a Analía que por ese entonces era nuestra protagonista, pero por momentos necesitaba tener en plano también a Lucía o algunas acciones que hacían a la escena. Por esto era importante encontrar la posición de cámara más favorable en cada espacio desde el inicio, para moverme lo menos posible durante el encuentro y no ser un factor de distracción. La atención de Analía era muy volátil. Estaba seguro que tenía que lograrlo con una cámara en mano, como el observador privilegiado que se inmiscuye en la intimidad de ellas. 

Oda amarilla (2024)

Luego de cada grabación teníamos profundas charlas con Lucía y el sonidista, Miguel Kancepolsky Teichman. Se armó entre les 3 una tríada fundamental que se sostuvo en todo el proceso, desde el desarrollo hasta la postproducción. Esas charlas fueron esenciales para ir encontrándole forma a la peli, y sobre todo para acompañar emocionalmente a la directora, en tanto hija de Analía. Ante mi inseguridad de encuadre del primer encuentro Lucía me encaminó con la indicación de mover la cámara como una mirada que pueda funcionar en plano secuencia. A partir de ahí, esa premisa fue mi norte.

Oda amarilla (2024)

Después de esa semana, tuvimos una primera pausa que aprovechamos para seguir pensando la forma de la película y los siguientes registros. Una línea estructural era la propuesta de “generar” nuevos recuerdos en los rodajes, que serían fotografiados con la cámara analógica Nikon F401x que acompañó a la familia Paz-Amarilla durante muchos años, dándole continuidad a los álbumes familiares. Para eso, luego de algunas pruebas, elegimos película color Samsung 200ASA balanceada para Luz Día, que reveladas viraban fuertemente hacia el cálido. 

Oda amarilla (2024)

Con la Nikon y la Panasonic a cuestas, en Noviembre del 2021 viajamos a Posadas, ciudad natal de Analía, para reunir a las 3 generaciones: Lucía, su mamá y la abuela Piqui. De a poco el elemento agua nos empezó a inundar. Aparecía en muchos recuerdos de Analía, desde la playa donde vacacionaba de niña, el río Paraná en Posadas, el club al que solía ir la familia que desapareció bajo las inundaciones por la obra de la represa Yacyretá, las tormentas tropicales de Misiones, las tardes de riego bajo el calor sofocante del verano, y así dejamos que fluya y funcione como contenedor de situaciones y emociones a lo largo del proceso. 
Acá la mecánica de trabajo era la misma que en la primera semana de rodaje. Equipo técnico reducido a la mínima expresión, sólo el sonidista Miguel y yo, lo más invisibles posible, grabando situaciones familiares. 

Oda amarilla (2024)

Concluída esta segunda etapa de rodaje, tuvimos la oportunidad de hacer un premontaje para visualizar las primeras escenas y ver cómo funcionaban algunos recursos. Así pudimos planificar la tercera semana de grabaciones que fue la más experimental. Para ese entonces había pasado más de un año desde el inicio de rodaje. Analía ya se encontraba en una residencia. La película ya no se trataba de sostener recuerdos, sino más bien de cómo sostener el vínculo madre-hija. Además de los encuentros en la residencia, salimos a buscar el material que conectaba sentidos, imágenes y emociones. 

En el set de Oda amarilla.

En el camino del agua, emerge ante nosotros el Aguahara. Una terapia meditativa e inmersiva, que en este caso permitía ampliar la conexión vincular más allá de las palabras. En esta exploración, hicimos los registros subacuáticos del final de la película. El equipamiento que usé para esto fue una cámara Sony A7s3 con lente 24mm GMaster, en un antiguo estanco rígido dedicado originalmente para Canon 7D. Fue clave el virtuoso foco automático de esta configuración, dado que no podía tocar la cámara bajo el agua.

Oda amarilla (2024)

El mismo combo lo llevamos a la costa atlántica para grabar las tomas en el mar de la línea narrativa que representa los recuerdos en la playa. Además usé la GH5 con un lente Helios 44M-5 58mm f/2 al que le invertí el elemento frontal para exacerbar el efecto “túnel” típico de estas ópticas, perdiendo mucha nitidez de borde y focalizando la atención en el centro de la imagen. Así grabamos la introducción y las imágenes que arman el leit motiv de los recuerdos recurrentes de la playa en la infancia, y algunas otras pequeñas recreaciones de recuerdos familiares.

Oda amarilla (2024)

Con esos registros terminamos con la etapa de rodajes, sumando alrededor de 14hs de material, que toma el montajista Kevin Kogan y trabajan con Lucía para darle forma y estructura final.
Terminamos la imagen con el colorista Lionel Cornistein y visualizamos en la isla de Lahaye. 
Con Lío trabajamos y dosificamos los tonos dorados de toda la película y las transiciones entre lo diverso de las escenas. En los recuerdos trabajamos sobre la saturación de los bordes de cuadro, la textura de grano y la nitidez. El color fue importante para darle unidad a la película ya que fué todo rodado con luz natural o las luces domésticas de la casa, con mínima intervención.
Respecto a las subacuáticas hicimos varias pruebas para encontrar una combinación de matices que amalgame la imagen etérea del debajo del agua en una pileta o en el mar de la costa atlántica con las escenas más terrenales del documental. Buscamos preservar algo de los tonos piel y llevar el color del agua a las reminiscencias de los tonos del río Paraná.

Oda amarilla (2024)

Todo el transitar de este trabajo resultó en un gran aprendizaje y crecimiento. Como en todo rodaje hubo que sortear problemas técnicos, pero en este caso lo humano tenía un peso preponderante. Creo que es una película que habla de vínculos, hecha desde los vínculos.


Mayo de 2025