Esa película que llevo conmigo, por Pablo Parra (ADF)

Por Pablo Parra (ADF)

En el año 2000 Lucía Ruiz, en ese entonces de 15 años, viaja con sus abuelos Pepe y Heber a conocer París y visitar a unos familiares en Madrid. Durante el viaje Lucía registra con su cámara de video todos los momentos que vivencia con sus abuelos: recorridos turísticos, reencuentro con familiares, momentos de risas y otros tantos de silencios. España es la tierra natal de Pepe, de donde tuvo que exiliarse a los 6 años escapando de la Guerra Civil Española.

La revisión años después de todo ese material, junto con el de otro viaje posterior en el 2013 cuando su abuelo ya había fallecido y que incluía entrevistas a otros familiares que habían atravesado el mismo trance de la guerra, despertará en Lucía la curiosidad por indagar más en su historia. Inicia ella así un camino a través de imágenes y objetos del pasado, de recuerdos de familiares y de otros niños de la guerra; una búsqueda de rastros para reconstruir esa parte de la historia pasada a la que su abuelo evitaba referirse, para en el proceso comprender también mejor la propia en el presente. 

Habiendo ya ganado con su proyecto la primera edición a fines del 2014 del concurso Raymundo Gleyzer Cine de la Base y posteriormente accedido a una segunda vía documental, Lucía junto a su productora Dolores Montaño deciden convocar en el 2016 un equipo para llevarlo adelante. Allí me llega la invitación a sumarme, y luego de la descripción que Lucía me hizo de la película que quería hacer, donde partiendo de la historia familiar buscaría indagar cómo repercute en nosotros el pasado, acepté encantado. 

Comienza entonces un largo proceso que abarcará cinco etapas distintas de rodaje, cada una con sus características propias y con períodos intermedios a lo largo de los cuales, a través de sucesivos armados de montaje, la película se irá “macerando”, atravesando una suerte de destilación que poco a poco la irá acercando a su forma definitiva. En ese camino Lucía irá respondiendo uno por uno todos los interrogantes de forma y contenido que se plantearan ya desde la primera reunión: ¿Cómo abarcar la experiencia de una guerra? ¿Qué tanto nos valdremos del material de archivo y cuánto de capturas originales? ¿Será el archivo primordialmente familiar o se recurrirá también a material de terceros para ilustrar el contexto? ¿cómo se abordará la estructura narrativa frente al desafío de una cronología que abarca tantos años? ¿qué peso tendrá la primera persona? ¿intervendrá Lucía como personaje? 

La primera etapa de rodaje fue a fines del 2016, y allí registramos el quehacer de Rubén, hijo de Pepe y padre de Lucía, en la previa de una marcha y posterior participación en la misma del gremio donde él trabaja. Toda esa cobertura del ámbito laboral de Rubén se hizo cámara en mano con una Canon 5D y lente zoom Canon 24-105 f4, en un estilo cien por cien cine directo en la línea del Albert Maysles de Salesman: siguiendo en todo momento su devenir desde la llegada al gremio hasta el fin de la marcha, pasando por todo el recorrido que hacen desde las cercanías del ministerio de acción social hasta Plaza de Mayo. 

Luego en 2017, equipados con dos cámaras Sony a7s con grabador externo Átomos, grabamos primero una entrevista larga a Rubén en su casa con ambas cámaras fijas sobre trípode, y luego retomamos la cámara en mano para capturar toda la escena familiar en la cocina donde revisan viejas fotos y objetos mientras él va desgranando anécdotas del propio viaje que hiciera a sus 14 años a España para conocer a sus familiares por el lado de su padre. Allí mantuvimos la cobertura a dos cámaras, procurando siempre tener amplia variedad de planos abiertos y cortos para ofrecer opciones en el montaje. Hasta aquí todavía no era seguro que Lucía fuese a aparecer en la película como personaje. 

Ya para la siguiente etapa de rodaje, luego de una cuidadosa revisión del material y una reflexión sobre lo que este pedía, esa decisión había decantado por el sí. Allí fuimos a hacer las capturas de Lucía llegando al Museo de Inmigrantes, recorriéndolo y revisando los archivos, junto con otras capturas en el Parque de la Memoria. En este caso la cobertura cambió totalmente el tono: procuramos otorgarle una cualidad más elusiva y poética, que acompañara bien la voz en off reflexiva que Lucía pensaba utilizar en estos pasajes. Para ello decidimos poner la a7s en un gimbal estabilizador, y coreografiar tomas largas acompañando sus desplazamientos por el museo. Los planos de seguimiento del cine de Terrence Malick sin duda fueron aquí un referente. También hicimos varias tomas de planos fijos generales, vistas amplias tanto del museo como del río. En esta etapa se entrevistó además por segunda vez a Rubén, reproduciendo la misma puesta de la primera ocasión. Ambas entrevistas terminarían siendo uno de los principales pilares narrativos de la película. La cuarta etapa de rodaje surgió sorpresivamente, cuando al retomar contacto por carta con familiares lejanos y prácticamente desconocidos hasta entonces que solían escribirse con su abuelo Lucía fue invitada a España con su familia a conocerlos, en marzo del 2018. Junto a la productora (por obvias razones de costos no participamos todo el equipo del viaje) hicieron un completo registro en cámara en mano con la Sony a7s de ese reencuentro, y finalmente los tres viajes, el de su adolescencia en el 2000 junto a su abuelo, el de su juventud en el 2013 y este último en 2018 ya atravesando el rol de directora terminaron siendo parte importante de la película, cada uno con su textura particular de captura (video estándar PAL en soporte analógico VHS, video estándar PAL en soporte miniDV y video full HD 1080_25p capturado en formato XAVC sobre tarjeta SD respectivamente). 

La última etapa de rodaje surgió cuando a fines del 2018, ya con un armado muy avanzado de la película, se hizo evidente la necesidad de otorgarle al espectador una guía para hacerle más inteligible el recorrido a través de los diversos vínculos y tiempos que la película atravesaba. Se capturó entonces la escena en la que Lucía va armando minuciosamente todo el árbol genealógico de su familia, pintando sobre un gran lienzo todos los nombres y relaciones y colocando luego al lado de cada uno una cuidada selección de objetos que los representaban. Toda la cobertura se hizo con planos fijos, alternando abiertos, cortos y detalles con una iluminación pareja y muy cálida. Los fragmentos de la escena encontrarían su lugar en el corte final como separadores para introducir a cada nuevo familiar según iban apareciendo, hasta llegar al final al árbol completo. 

Con el aporte de varios textos en segunda persona narrados por Lucía hacia su abuelo, un gran acierto que dotó a la película del tono elegíaco que necesitaba a la vez que terminó de fortalecer su estructura, se llegó al montaje definitivo y en febrero de 2019 abordamos entonces la corrección de color junto a Javier Hick en VFX Boat, donde también se encargaron del conforming y el armado del DCP bajo la supervisión de Bruno Fauceglia.

Dada la profusión de capturas diversas en distintos formatos, resoluciones y aspect ratios (el material de archivo fue el predominante en el armado final) con Javier nos concentramos no tanto en buscar uniformizar todo el material de punta a punta -tarea por demás imposible- sino en trabajar cada secuencia por separado procurando otorgarle a cada una su tratamiento interno parejo, para que así luego las diferentes texturas se opusieran entre sí y ello sirviera para resaltar ostensiblemente las distintas épocas. Una proyección en la sala de la DAC a mitad de camino de la dosificación nos fue muy útil para testear en la pantalla grande que el camino elegido era el correcto, y para fines de marzo el trabajo de imagen estaba terminado. Poco después se completó la labor de sonido y música y se confeccionó el DCP, dejando todo listo para el estreno en agosto de este año. 

Acompañar a Lucía en todo este trayecto de introspección profunda e indagación de sus raíces, a la vez que en conjunto con la productora Dolores Montaño iban también transitando juntas el camino para completar su primera película como directora y productora respectivamente fue un verdadero privilegio. La película terminada es un testimonio tanto de su sensibilidad como de su talento narrativo, gracias al cual partiendo de una historia muy personal pudo llegar a conectar con interrogantes universales que resuenan y hacen eco en cada espectador: ¿Qué rastros quedan en nosotros de la historia familiar que nos precede? ¿Puede el olvido borrar esos rastros, o a pesar de todo algo permanece? ¿Qué sabemos de nuestro pasado? ¿Cómo nos interpela y qué hacemos con eso? Con delicadeza y poesía Lucía nos ofrece en su primera película algunas de sus propias respuestas. 

Guión y dirección: Lucía Ruiz.
Producción ejecutiva: Dolores Montaño.
Asistente de dirección: Andy Testa.
Dirección de arte: María Florencia Cabeza.
Dirección de sonido: Juan Ignacio Bernardis.
Dirección de fotografía: Pablo Parra, ADF.
Cámara adicional y asistencia de cámara: Joaquín Lucesoli.
Montaje: Alejandra Almirón.
Música original: Ariel Porroni.
Postproducción de Imagen: VFX Boat.
Postproducción de Sonido: Bum! Audio.
Corrección de color: Javier Hick. 

Contacto: esapelicula.documental@gmail.com

Autor: admin